un apellido.
Y porque, en el momento en que mi hija pensó que estaba completamente sola, alguien le creyó.
A veces la justicia empieza de una manera mucho menos espectacular de lo que uno imagina.
Empieza con una puerta que se abre.
Una voz que dice “cuéntame”.
Una bolsa transparente sobre una mesa.
Un teléfono roto que todavía está grabando.
Y una mujer que, aun temblando, decide decir la verdad.