Mi esposa moribunda me pidió un abrazo, pero mi reacción la destrozó… hasta que nuestro viejo perro intervino

las únicas palabras que todavía necesitaba escuchar.

—Me quedé.

Y desde aquel día, cada vez que alguien me habla de amor como si fuera algo limpio, fácil y hermoso, pienso en Mariana.

Pienso en aquella habitación.

Pienso en Bruno acercándose a ella sin una sola duda.

Y me hago la pregunta que todavía no sé responder por nadie más:

Si la persona que más amas cambiara hasta volverse casi irreconocible, si tu miedo te pidiera correr y tu amor te pidiera quedarte…

¿qué harías tú?