Su nueva abogada recibió una caja procedente del archivo del primer fiscal.
Dentro había notas nunca incorporadas al expediente principal.
Una tenía escrito:
“Menor presente en domicilio. Posible testigo. Familia solicita no entrevistarlo por trauma.”
Menor.
Ethan.
Debajo figuraba quién había pedido que no hablaran con él.
No había sido mi madre.
Era Victor.
Y junto a su nombre aparecía otra firma autorizando la petición.
La de mi abuela.
Me quedé mirando el documento.
Durante seis años habíamos pensado que Ethan era un testigo que nadie sabía que existía.
Nos equivocábamos.
Alguien había sabido desde la primera noche que mi hermanito podía haber visto algo.
Y se había asegurado de que nadie le preguntara.
Mi madre sostuvo mi rostro.
—Entonces créeme ahora.
Asentí llorando.
La investigación contra Victor continuó.
No hubo una confesión cinematográfica.
Hubo documentos.
Registros.
Testimonios.
Contradicciones.