nos está cuidando desde el cielo?
Sentí que mi corazón se rompía y sanaba al mismo tiempo.
—Sí.
Sonreí entre lágrimas.
—Tu mamá nunca dejó de cuidarlos.
Pasaron los meses.
La tristeza nunca desapareció completamente.
Una madre nunca deja de extrañar a un hijo.
Pero la tristeza aprendió a vivir junto al amor.
Colgué una fotografía de mi hija en la sala.
Cada mañana, antes de que los niños salieran a la escuela, la mirábamos.
No como un recuerdo doloroso.
Sino como una prueba de que ella había existido.
De que había amado.
De que había dejado algo hermoso detrás.
Un año después encontré una última carta escondida en la caja.
No sé cómo no la había visto antes.
Era pequeña.
Solo decía:
“Mamá, cuando todo esto pase, quiero que recuerdes algo.”
La abrí.
“Los niños no necesitan una abuela perfecta.
Necesitan una abuela que nunca deje de elegirlos.”
Lloré