PARTE 2: La fotografía que Claire nunca le había mostrado
La madre de Claire apareció en videollamada.
En cuanto Henry mostró la fotografía, la mujer cerró los ojos.
—Sabía que algún día aparecería.
—La conoces.
—Creo que debería hablar con la señora Ellison.
La señora Ellison era la madre de Claire.
Dos horas después, Henry estaba en una sala privada del hotel mientras Mason esperaba con el coordinador de su programa.
La madre de Claire apareció en videollamada.
En cuanto Henry mostró la fotografía, la mujer cerró los ojos.
—Sabía que algún día aparecería.
—¿Quién era Rachel?
—La mejor amiga de Claire.
—Estuve casado con Claire nueve años. Nunca escuché ese nombre.
—Porque dejaron de hablar antes de que te conociera.
Henry acercó la fotografía a la cámara.
—¿Por qué?
La señora Ellison tardó en responder.
—Rachel tuvo una vida difícil. Cuando nació Mason, Claire la ayudó durante meses. Después ocurrió una discusión familiar y Rachel desapareció.
—¿Qué discusión?
—Eso debe contártelo Mason cuando sea mayor, si alguna vez llega a conocerlo.
Henry endureció la voz.
—Tiene dieciséis años y lleva cuatro viviendo en acogida. ¿Claire sabía que Rachel había muerto?
La mujer palideció.
Aquello fue una respuesta.
—Lo sabía.
Henry se levantó.
—¿Y sabía que Mason estaba solo?
—Henry…
—¿Lo sabía?
—Se enteró el año pasado.
Sintió rabia, pero también confusión.
Claire jamás habría abandonado deliberadamente a un niño al que había querido.
—Entonces ¿por qué no hizo nada?
—Lo hizo.
La señora Ellison desapareció un momento y regresó con un sobre.
—Claire llevaba meses intentando localizarlo. Contrató a una investigadora. Quería encontrar a Mason antes de que naciera Nora.
Henry miró a su hija dormida.
—¿Por qué era tan importante encontrarlo?
—No lo sé. Claire nunca quiso explicármelo por teléfono. Solo dijo que había descubierto algo entre las pertenencias de Rachel.
Entonces la señora Ellison mostró el sobre.
En el frente estaba escrito:
PARA MASON BROOKS. PERSONAL.
—Claire me pidió que se lo entregara cuando lo encontrara.
Henry sintió que el corazón se aceleraba.
—Ábrelo.
—No puedo. No está dirigido a nosotros.
Tenía razón.
Henry regresó al centro donde se alojaban los estudiantes y pidió hablar con Mason.
Cuando el muchacho vio el sobre en la pantalla del teléfono, reconoció inmediatamente la letra.