—Podría arruinar tu relación con tu padre.
Esa posibilidad asustaba....me intimidaba, pero mantuve la voz firme.
A regañadientes, aceptó.
La cita salió incluso mejor de lo que esperaba.
Rachel me llamó después.
—Tu padre es maravilloso —dijo.
—No puedo creer que nadie le haya dado una oportunidad.
—¿Así que no pasó nada raro?
—Nada. Fue amable, divertido y respetuoso. Hablamos durante casi tres horas.
—¿Mencionó otra cita?
Arte de Cocina
—Me preguntó si quería volver a cenar el próximo viernes.
—¿Qué dijiste?
Por primera vez en semanas, dormí sin imaginarme lo peor.
A la mañana siguiente, ella también desapareció.
La llamé antes de ir al trabajo.
Nadie respondió.
Volví a llamar durante el almuerzo.
Le envié mensajes preguntándole si estaba bien. Ninguno llegó a entregarse.
Al caer la tarde, por fin me envió un mensaje de texto.