A los 78 años me casé con un hombre rico para proteger sus últimos días

 

Registramos el escritorio sin mover nada innecesariamente. Abrimos cajones, revisamos carpetas y examinamos la pequeña biblioteca. No encontramos ningún dispositivo ni documento

 

marcado con aquel número.

 

Entonces recordé una frase.

 

“Copia guardada donde Elena siempre ganaba.”

 

—El tablero —dije.

 

Volví hacia la mesa.

 

No eran las piezas. Ya las habíamos revisado.

 

Levanté el tablero.

 

Pesaba demasiado.

 

Álvaro pasó los dedos por uno de los bordes y descubrió una diminuta cerradura casi invisible entre las molduras de madera.

 

Introduje la llave.

 

Encajó perfectamente.

 

Una sección de la base se abrió.

 

Dentro había una memoria USB y un pequeño papel.

 

642 — original.

Copias: Álvaro / Banco / Elena.

 

El abogado levantó la vista.

 

—Harrison no dejó

 

una sola prueba. Dejó varias.

 

Conectamos la memoriaal ordenador de la habitación.

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