Os quiero.
Nunca he dejado de quereros.
Pero confundisteis mi amor con una obligación económica.
Cada vez que financié una residencia, preguntasteis cuánto
reduciría vuestra herencia.
Cada vez que ayudé a alguien, lo llamasteis dinero desperdiciado.
Por eso decidí que mi última lección no sería sobre riqueza.
Sería sobre elección.”
Álvaro hizo una pausa.
Entonces continuó:
“Cada uno de vosotros recibirá una cantidad suficiente para vivir cómodamente.
Pero la mayor parte de mi patrimonio irá a la Fundación Elena.
No porque quiera castigaros.
Sino porque ya os di oportunidades, educación, viviendas y seguridad.
Ahora quiero ofrecer esas mismas oportunidades a personas que nunca las tuvieron.”
Miré hacia Patricia.
Estaba llorando.
Roberto también había