Pensé que proporcionaros comodidad era lo mismo que estar presente.
Os di las mejores escuelas cuando necesitabais conversaciones.
Oscompré casas cuando quizá necesitabais un padre.
Y cuando comprendí mi error, ya habíais aprendido una lección terrible de mí mismo:
que el dinero podía sustituir al afecto.
Por eso no os escribo para acusaros.
También os
pido perdón.”
Patricia comenzó a llorar.
Roberto se cubrió la boca con una mano.
Daniel permanecía rígido.
La carta continuaba.
“Daniel:
Fuiste el mayor.
Cuando murió tu madre intentaste convertirte en el hombre de la familia demasiado pronto.
Yo permití que lo hicieras.
Te llevé conmigo a reuniones, te enseñé balances y negocios y te felicité cada vez que eras duro.
Después me sorprendí cuando te convertiste en un hombre que pensaba que todo podía resolverse controlándolo.