Yo tenía 79 años.
Había días en los que despertaba llena de energía yotros en los que mis rodillas me recordaban, antes incluso de levantarme, que
el tiempo seguía avanzando. Por eso convoqué al consejo de la Fundación Elena.
—Tenemos que preparar el futuro —les dije—. No quiero que dentro de diez años alguien vuelva a convertir esto en una pelea por dinero.
Álvaro sonrió desde el otro extremo de la mesa.
—Harrison habría dicho exactamente lo mismo.
Modificamos los estatutos para proteger permanentemente el patrimonio destinado a los residentes. Ningún presidente futuro podría vender los centros para repartir beneficios privados, y una parte de los fondos quedaría reservada para personas mayores sin familia o con