—¿Y no será así?
El abogado me miró fijamente.
—Harrison cambió la estructura de su patrimonio hace dieciocho meses.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—¿Qué significa eso?
—Significa que sus hijos todavía no saben que la mayor parte de su fortuna ya no forma parte de la herencia que esperan recibir.
Me quedé mirándolo
sin comprender.
Entonces colocó delante de mí el último documento del sobre.
Vi mi nombre completo.
Isabel Romero.
Debajo aparecía una cifra.
La leí una vez.
Luego otra.
Pensé que estaba interpretándola mal.
—Esto tiene que ser un error.
—No lo es.
Harrison había creado un fondo privado valorado en varios millones de euros.
Pero yo no era simplemente la beneficiaria.
Figuraba como la persona encargada de decidir qué ocurriría con aquel dinero.