Al principio, casi nadie se da cuenta.
El niño actúa para los miembros de su familia.
Él imita a las personas que admira.
Practica cuando nadie lo ve.
Él imagina un futuro que parece imposiblemente lejano.
Para un niño que crece en una pequeña isla, el mundo más allá de su hogar puede parecer enorme.
Las ciudades internacionales están a miles de kilómetros de distancia.
Los escenarios más importantes pertenecen a personas cuyos nombres aparecen en televisión.
El éxito global puede parecer algo que les sucede a otras personas.
Sin embargo, la ambición tiene una cualidad extraña.
Puede hacer que la distancia parezca temporal.
La vida en una pequeña isla
Las comunidades isleñas suelen tener identidades culturales muy marcadas.
Televisión y vídeo
La gente se conoce entre sí.
Las familias pueden permanecer conectadas durante generaciones.
Las tradiciones son importantes.
El ritmo de vida puede ser diferente al de las grandes metrópolis.
Para un niño que crece en un entorno así, esa atmósfera de unión puede moldear su personalidad.
Puede enseñar resiliencia.
Puede crear un fuerte sentido de identidad.
Y puede proporcionar algo que se vuelve increíblemente valioso más adelante en la vida: