Mi vecino aplastó la bicicleta que mi hijo compró después de ahorrar casi un año y se negó a pagarla… yo quería llevarlo hasta el juzgado, pero mi hijo ya había preparado algo que nadie en la colonia esperaba

Dentro había fotografías de la bicicleta, una

 

copia del recibo… y algo más.

 

Una impresión con el logotipo de la administración del fraccionamiento.

 

 

—¿Qué es eso?

 

Mateo guardó la carpeta rápidamente.

 

—Te dije que yo podía resolverlo.

 

Una hora después tocaron nuestro timbre.

 

Era Rogelio.

 

Pero ya no venía sonriendo.

 

Traía el rostro rojo de coraje y sostenía una hoja arrugada entre los dedos.

 

—¡Quiero hablar con tu hijo!

 

Me puse frente a la puerta .

 

 

—Primero hablas conmigo.

 

Rogelio levantó el documento.

 

— ¿Tienes idea de lo que hizo?

 

Mateo apareció detrás de mí.

 

—Sí. Claro que sé.

 

Rogelio lo comunicó.

 

—Por culpa de esto me citaron mañana en la administración.

 

Miré a Mateo.

 

—¿Qué entregaste?

 

Mi hijo respiró hondo.

 

—Solo les mostré algo que Rogelio olvidó mencionar cuando dijo que la bicicleta estaba “demasiado cerca de la calle”.

 

 

Rogelio perdió el color de la cara.

—¡Cállate!

 

Mateo abrió lentamente la

Mateo me tomó del brazo antes

 

de que la discusión empeora.

 

 

—Vámonos, papá.

 

Esa tarde le prometí que resolveríamos el problema.

 

Tomé fotografías, guardé el recibo de compra y habló con un vecino que había visto lo ocurrido desde su ventana.

 

Incluso consulté qué necesitábamos para presentar una reclamación formal si Rogelio seguía negándose.