El desconocido me pidió que fingiera estar dormida sobre su hombro durante el vuelo… pero, cuando aterrizamos, descubrí que era uno de los multimillonarios más influyentes de Estados Unidos. Y mi exmarido ya me estaba buscando.

Antes de que Blaire pudiera responder, el teléfono de Luca vibró.

Leyó el mensaje.

Su rostro cambió al instante.

Toda la calma desapareció.

—¿Qué pasa? —preguntó Blaire.

Luca levantó lentamente la mirada y habló con una seriedad que la dejó helada.

—Blaire… alguien estaba preguntando por ti en el aeropuerto antes incluso de que aterrizáramos.

Y, por primera vez desde que había subido a aquel avión, Blaire sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

PARTE 2

El corazón de Blaire latía desbocado mientras el avión avanzaba hacia la puerta de embarque.

—¿Qué quieres decir con que alguien preguntaba por mí?

Luca le mostró la pantalla del teléfono.

Su equipo privado de seguridad en LaGuardia había detectado a un hombre de mediana edad esperando cerca de la zona de llegadas con una fotografía impresa de Blaire y Fiona.

Era David Vance.

Y junto a David había dos investigadores privados.

—Hace tres horas presentó en Illinois una solicitud de custodia de emergencia —explicó Luca mientras leía el informe de su jefe de seguridad—. Ha declarado que secuestraste a tu hija y huiste cruzando las fronteras estatales.

Las manos de Blaire comenzaron a temblar violentamente.

—¡Él nos echó de casa! ¡Cambió las cerraduras y vació nuestras cuentas hace tres días! ¡Está intentando hacerme pasar por delincuente para no pagar la manutención de Fiona!

—Lo sé —respondió Luca con suavidad.

Alargó la mano y la apoyó sobre la de ella, cálida y firme.

—No voy a permitir que te quite a tu hija, Blaire.

—Ni siquiera me conoces, Luca —susurró ella mientras las lágrimas finalmente empezaban a desbordarse—. ¿Por qué ibas a ayudarme?

Luca miró a la pequeña Fiona, que abrazaba su conejito de peluche.

Después volvió a mirar a Blaire.