*
papel.
Fue sencillo.
Dos figuras.
Tomados de la mano.
De pie bajo un cielo lleno de luz.
“Somos nosotros”, dijo.
Ramira sonrió.
Una sonrisa genuina.
No es obligatorio.
No es frágil.
Simplemente… real.
“Es precioso”, dijo ella.
Salomé la observó por un momento.
—¿Sigues triste? —preguntó ella.
Ramira reflexionó detenidamente sobre la pregunta.
Porque ahora la verdad importaba.
Más que nunca.
“A veces”, admitió. “Pero no de la misma manera que antes”.
Salomé asintió, como si comprendiera algo más profundo que las propias palabras.
—Yo también —dijo ella.
Esa noche, después de que Salomé se durmiera, Ramira se quedó de pie junto a la ventana.
Contemplando un mundo que una vez siguió adelante sin ella.
Un mundo que ahora, poco a poco, volvía a hacerle sitio.
Pensó en los años que había perdido.
El dolor.
El silencio.
La injusticia.
Y entonces pensó en otra cosa.
El momento en que todo