te admiro todavía más.
Araceli rompió a llorar.
Pero en ese momento alguien tocó violentamente la puerta.
Ambos se quedaron quietos.
—¿Quién es?
No hubo respuesta.
Alejandro abrió.
En el pasillo estaba su madre, Carmen, acompañada de un hombre desconocido.
Carmen tenía el rostro pálido.
—Alejandro, tenemos que hablar.
—Ahora no.
—Sí. Ahora.
El hombre dio un paso adelante.
—Señor Montoya, hay algo que debe saber sobre su esposa.
Alejandro frunció el fruncido.
—¿Quién es usted?
El hombre sacó una fotografía antigua.
Se la entregó.
Alejandro la miró.
Era Araceli, hace muchos años.
Pero no estaba sola.
A su lado apareció un hombre que Alejandro conocía perfectamente.
Su propio padre.
Y detrás de ellos había un documento con una fecha de hacía veinticinco años.
Alejandro levantó lentamente la mirada.
—¿Qué significa esto?
Su madre comenzó a llorar.
—Significa que Araceli no llegó a nuestra familia por casualidad.
Alejandro miró a