de una empleada.
—Sí.
—Mi madre tenía docenas.
—Mi madre no era una empleada cualquiera.
Sebastian esperó.
—Se llamaba Evelyn Brooks.
El nombre le sonaba.
No sabía de dónde.
Entonces recordó.
Un susurro antiguo.
Sus padres discutiendo cuando él tenía quizá doce años.
Evelyn.
Su padre diciendo:
“Ese nombre no vuelve a entrar en esta casa.”
—La conocí.
Natalie negó.
—No realmente.
—Yo era pequeño.
—Ella desapareció.
Silencio.
—Qué significa desapareció?
Natalie miró a Mia.
—Esto no debería escucharlo ella.
Sebastian llamó a Mrs. Bell, la administradora actual.
No Holloway, no ecos del original. Una mujer de sesenta años que llevaba décadas con la familia.
Mia aceptó ir con ella solo
después de exigir:
—No se lleven mi leche.
Mrs. Bell miró a Sebastian.
—Jamás me atrevería.
Cuando salieron, Natalie se levantó.
—Ahora sí me voy.
—No.
—Dijiste que decidiría después de explicar la fotografía.
—Todavía no explicaste nada.
Ella