Patricia habló de inmediato.
—Eso está fuera de contexto.
—¿Cuál es el contexto de encerrar a una mujer que quiere irse? —preguntó la trabajadora social.
Patricia no respondió.
Gregory dijo:
—Nadie la encerró.
Abigail apretó la sábana.
—Tú cerraste la puerta.
—Porque estabas golpeándola.
—¿Desde afuera?
Él se quedó callado.
Salazar pidió la dirección de la residencia.
Nicholas dijo que no tenía relación con el hospital.
—Ahora sí la tiene —respondió el oficial.
Por primera vez, los Ferguson parecieron comprender que el apellido no controlaba todas las habitaciones a las que entraban.
Pero la grabación no mostraba quién había hecho cada cosa.
Era una prueba importante, no completa.
Patricia recuperó algo de su seguridad.
—Entonces no tienen nada más que una discusión familiar malinterpretada.
Abigail bajó la mirada hacia su muñeca.
La pulsera de plata estaba torcida. El pequeño broche colgaba de un hilo.
—La cámara —susurró.
Me acerqué.
—¿Qué