—¿Todavía la tienes? —preguntó.
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Isabel no respondió de inmediato.
Luego dejó la cesta y abrió la caja.
Dentro había papeles viejos ordenados con una paciencia que Gabriel no esperaba.
No eran pruebas espectaculares.
Eran restos de una vida detenida: recibos de reparaciones, notas médicas del embarazo, cartas familiares y comprobantes de los primeros meses de Adrián.
Isabel sacó tres sobres.
—Después de que recibí tu supuesta carta, intenté escribirte.
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Gabriel tomó aire.
—Nunca recibí nada.
—Lo sé ahora.
Ella colocó los sobres sobre la mesa.
Los tres estaban dirigidos a la casa donde Gabriel había vivido durante sus primeros meses en Madrid.
Los tres habían regresado.
Gabriel revisó las marcas del correo.
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El primero había sido devuelto porque el destinatario ya no residía ahí.
El segundo llevaba una anotación similar.
El tercero ni siquiera había sido abierto.