Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existía-dynanakara

Lo deslizó sin esfuerzo y lo dejó sobre la mesa de medicamentos. Víctor se rio al otro lado del biombo y enseguida soltó una queja por el dolor.

—¿Culpable? ¿De qué? Ella me dio el riñón porque vive para eso, para cuidarme. No sabe hacer otra cosa.

Ana no lloró. A las 10:00 llegó la enfermera Valeria para tomarle la presión. Ana pidió su ropa, una pluma y una hoja.

Luego llamó al cirujano, el doctor Salcedo. —Quiero firmar mi alta voluntaria. El médico creyó que hablaba por el dolor.

Durante veinte minutos le explicó que apenas habían pasado tres días desde la nefrectomía y que todavía debían vigilar la creatinina, la presión, la herida y cualquier señal de fiebre.