Elena señaló el informe.
—Genevieve tenía una mutación hereditaria poco común. No era necesariamente mortal, pero podía aumentar ciertos riesgos hematológicos en sus hijos.
—Eso lo sabemos.
—No. Saben una parte.
Pasó varias páginas.
—Siete años atrás, antes del embarazo, Genevieve participó en un programa de fertilidad asociado con Halcyon.
Lo sabía.
Habíamos tenido dificultades para concebir.
Genevieve insistió en que el tratamiento era seguro.
Yo firmé documentos.
Demasiados.
Confiaba en ella.
Confiaba en los médicos.
Confiaba en Sloane.
—Durante el proceso —continuó Elena— se realizaron pruebas genéticas de los embriones.
—¿Y?
—Los resultados iniciales mostraban que dos embriones presentaban la mutación.
Sentí frío.
—Jonah y Blythe.
—No necesariamente. Todavía no.
Elena pasó el dedo por una línea.
—Según este reporte, esos embriones debían descartarse del procedimiento y utilizarse otros dos que no mostraban la variante.
—Entonces ¿qué ocurrió?
—Alguien cambió las etiquetas.
Prescott murmuró una maldición.
Yo no entendía.