Mi esposo ignoró 17 llamadas mientras yo daba a luz. 5 días después, regresé con nuestra bebé y encontré a otra mujer en nuestro dormitorio. Mi suegra me ordenó: —No hagas una escena. No respondí. Hice una llamada y me fui. Al día siguiente, un abogado esperaba a mi esposo frente a la casa. Su amante miró los documentos y preguntó: —¿No dijiste que esta casa era tuya?

Estoy ocupado. Avísame cuando termine todo.

Ni siquiera preguntó si nuestra hija estaba bien.

Rodrigo apareció en el hospital al día siguiente con flores compradas en una tienda del vestíbulo.

Se quedó 24 minutos.

Después dijo que tenía una reunión importante.

El día que me dieron de alta prometió recogerme a las 10:00.

A las 12:40 seguía sin contestar.

Así que puse a Emilia en su portabebés, pedí un automóvil y regresé por mi cuenta a la casa de San Pedro donde habíamos vivido durante casi 6 años.

Cuando entré, encontré 2 copas sobre una mesa.

Una botella abierta.

Tacones de mujer junto a las escaleras.

Y un perfume que no era mío.

Entonces escuché la risa de Rodrigo arriba.

Mi cuerpo todavía dolía con cada paso, pero subí.

La puerta de nuestra habitación estaba entreabierta.

Rodrigo estaba ahí.

Y junto a él estaba Fernanda Ruiz, una consultora que trabajaba frecuentemente con su constructora.

Fernanda llevaba mi bata azul.

La que mi madre me había regalado antes de morir.

Rodrigo me miró.

No vi culpa en su rostro.

Vi molestia.

—Daniela, ¿qué haces aquí?

Apreté a Emilia contra mi pecho.

—Vivo aquí.

Fernanda palideció.

—Pensé que salías mañana del hospital.

Sentí un frío recorrerme por dentro.

Miré a Rodrigo.

—¿Ella conocía mi fecha de alta?

—Esto no es lo que parece.

Casi me reí.

Antes de que pudiera responder, escuché pasos detrás de mí.

Mi suegra, Patricia, apareció en el pasillo.

Llevaba casi 1 mes instalada en nuestra casa porque, según ella, quería ayudarme después del parto.

Cuando comenzaron mis contracciones, me dijo que estaba exagerando y que pidiera un taxi.

Ahora observó a Fernanda usando mi bata y no mostró ninguna sorpresa.

Ahí comprendí que ya lo sabía.

—Baja con la niña —dijo Patricia—. Rodrigo tiene demasiada presión con la empresa.

La miré.

—Estuve sola cuando me llevaron a cirugía.

Patricia levantó los hombros.