Mi esposo ignoró 17 llamadas mientras yo daba a luz. 5 días después, regresé con nuestra bebé y encontré a otra mujer en nuestro dormitorio. Mi suegra me ordenó: —No hagas una escena. No respondí. Hice una llamada y me fui. Al día siguiente, un abogado esperaba a mi esposo frente a la casa. Su amante miró los documentos y preguntó: —¿No dijiste que esta casa era tuya?

—Pero ambas están vivas.

Rodrigo se pasó una mano por el cabello.

—Daniela, no conviertas esto en un drama.

Y algo dentro de mí se apagó.

No mi amor.

Eso llevaba tiempo muriendo.

Se apagó mi necesidad de convencerlos de que me respetaran.

Saqué el teléfono.

Rodrigo sonrió con desprecio.

—¿Vas a llamar a tu hermana para llorar?

Marqué otro número.

—¿Daniela?

Reconocí inmediatamente la voz de Javier Salcedo.

El abogado que administraba los asuntos patrimoniales de mi familia desde hacía 12 años.

Miré a Rodrigo.

—Javier, activa las cláusulas de separación del convenio matrimonial.

La sonrisa de Rodrigo desapareció.

—¿Qué?

Continué.

—Bloquea todas las tarjetas adicionales vinculadas a mis cuentas privadas. Informa a la administradora que retiro la autorización de residencia de esta casa. Cancela también el contrato del vehículo que utiliza Rodrigo.

Él soltó una carcajada.

—¿Tus cuentas privadas?

No respondí.

—Y otra cosa, Javier.

Miré a Fernanda.

Después a Patricia.

Finalmente a mi esposo.

—Quiero una auditoría completa de Constructora Valdés. Facturas, proveedores, cambios de obra, transferencias, consultorías. Los últimos 2 años.

Hubo silencio al otro lado.

—¿Estás segura de querer abrir todo?

—Cada página.

Colgué.

Rodrigo cruzó los brazos.

—Trabajas con tu computadora desde casa. Apenas sabes cuánto cuesta mantener este lugar. Deja de jugar a la empresaria.

Acomodé la manta de Emilia.

—Disfruta esta noche, Rodrigo.

Patricia frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Caminé hacia las escaleras.

—Que mañana quizá descubran de quién era realmente la vida que llevaban.

Parte 2: Empaqué ropa para Emilia, medicamentos, documentos y 2 mudas para mí.

Nada más.

Patricia abrió incluso mi maleta.

—Casi todo aquí lo compró mi hijo.

No la corregí.

Rodrigo me acompañó hasta la puerta.

—Volverás.