Ella se apartó.
—No me toques.
Se marchó.
A la mañana siguiente Rodrigo apareció en las oficinas centrales de Cárdenas Capital exigiendo hablar con el propietario.
Pedí que lo dejaran subir.
Cuando entró en la sala de juntas, se detuvo.
Yo estaba sentada en la cabecera.
Frente a mí había una placa.
DANIELA CÁRDENAS
FUNDADORA Y PRESIDENTA EJECUTIVA
Rodrigo la leyó 2 veces.
—¿Qué es esto?
—Mi trabajo.
—¿Tú eres dueña de esta empresa?
—De la mayoría.
Se sentó lentamente.
Por primera vez desde que lo conocía parecía no tener una respuesta preparada.
—Me mentiste durante años.
—Nunca.
Lo miré directamente.
—Te dije que trabajaba en inversiones inmobiliarias. Tú decidiste que mi trabajo era insignificante porque jamás te interesaste lo suficiente para preguntar.
—Me dejaste creer que me necesitabas.
Aquello me dolió más de lo que esperaba.
—Quería saber si podía tener un matrimonio donde el dinero no decidiera cuánto respeto merecía.
Rodrigo bajó la mirada.
Empujé una carpeta hacia él.
Había facturas.
Transferencias.
Contratos.
Y una hoja más.
El registro del hospital.
17 llamadas sin respuesta.
Rodrigo se quedó mirando ese número.
—Fernanda fue un error.
—No estamos hablando de Fernanda.
—Tenemos una hija.
—Exactamente.
Levantó la vista.
—Puedo arreglarlo.
—¿Dónde estabas cuando Emilia nació?
Abrió la boca.
No dijo nada.
—Te llamé 17 veces.
—Daniela…