—Mamá —dijo suavemente—, ya no tenemos miedo.
Le besé la coronilla.
Debajo de nosotras, la ciudad brillaba como estrellas que por fin habían aprendido mi nombre.
—Mamá —dijo suavemente—, ya no tenemos miedo.
Le besé la coronilla.
Debajo de nosotras, la ciudad brillaba como estrellas que por fin habían aprendido mi nombre.