al otro.
—¿Qué pasó después?
—Antes de irse, Bruno me dio un sobre. Me dijo: «Si me pasa algo, prométeme que le darás esta tarjeta a Julia cuando cumpla dieciocho años». Quería que supiera que seguía a su lado.
—¿La guardaste todos estos años?
—En un cajón, en cada departamento al que me mudé.
—¿Por qué no se la diste?
—Me daba vergüenza. No podía mirarte a los ojos.
—O sea que nos vigilaste.
—Me aseguré de que estuvieran bien.
—Nos espiaste.
—Lo sé. —Miró hacia la casa—. Hace tres días vi a Julia en la cafetería. Se parece tanto a Bruno. Saqué la foto.
—¿Y ahora estás aquí?
—Porque Bruno me lo pidió.
—No puedes volver así a nuestras vidas.
—Lo sé. Julia no me debe nada.
—Y Bruno no está para acompañarte en esto.
Se le quebró la voz.
—Por eso vine. Porque él no puede.