mientras miraba el sello del juzgado.
—Eso… eso no puede ser verdad.
—Lo es, Beatrice. Legalmente ya no tenemos ningún vínculo familiar. Y aunque lo tuviéramos, eso jamás os daría derecho a entrar en mi negocio, consumir miles de euros en comida y bebida de lujo y marcharos sin pagar.
Beatrice miró los papeles.
Después miró a sus amigas, que estaban cada vez más enfadadas.
Finalmente miró hacia las puertas de cristal.
—Camilla, por favor… somos familia. No me hagas esto.
—Cuando hoy, delante de treinta y ocho personas, me has llamado poco más que una sirvienta, ¿también éramos familia?
Abrió la boca, pero no consiguió decir nada.
—Cuando Lucas robaba dinero de la cuenta de mi empresa para pagar a su amante, ¿éramos familia?
Silencio.
—Cuando me has traído documentos legales para intentar echarme de mi propio negocio, ¿éramos familia?
Las amigas de Beatrice empezaron literalmente a apartarse de