Mi vecino aplastó la bicicleta que mi hijo compró después de ahorrar casi un año y se negó a pagarla… yo quería llevarlo hasta el juzgado, pero mi hijo ya había preparado algo que nadie en la colonia esperaba

 

Y cuando la puso sobre la mesa entendió que la bicicleta aplastada probablemente era el menor de los problemas de nuestro vecino.

 

Porque en esa imagen apareció su camioneta…

 

y algo que podía demostrar que Rogelio llevaba semanas mintiéndonos a todos.

 

Pero antes de que pudiera preguntarle qué significaba, alguien volvió a tocar la puerta.

 

Esta vez era el administrador del fraccionamiento.

 

Y no venía solo.

 

El administrador del fraccionamiento entró acompañado por una mujer que yo reconocí de inmediato.

 

Era la señora Patricia, presidenta del comité vecinal.

 

Rogelio dejó de gritar.

 

Y eso fue lo primero que me preocupó.

 

Porque cinco segundos antes estaba rojo de coraje, señalando a Mateo y exigiendo que le entregáramos la carpeta. Pero en cuanto vio a Patricia, bajó la mano.

 

—Buenas tardes, Arturo —dijo ella, mirándome—. Necesitamos hablar sobre la camioneta del señor Rogelio.

hacia la entrada.

 

Mateo cerró la misma zona.

 

Las macetas

 

habían desaparecido.

 

Y también la línea amarilla.

 

En su lugar había una mancha de pintura gris reciente.

 

Patricia cruzó los brazos.

 

—El reglamento del fraccionamiento prohíbe estacionarse ahí porque es parte del acceso de emergencia. Hace tres semanas recibimos varias quejas porque una camioneta bloqueó el paso.

 

Miré a Rogelio.

 

—¿Tu camioneta?

 

No respondió.

 

Patricia continuó:

 

—Se le notificó por escrito. Dos veces.

 

Rogelio finalmente habló.

 

—Eso no tiene nada que ver con la bicicleta.

 

—Tal vez sí —respondió Mateo.

 

Rogelio se volvió hacia él.

 

—Tú no sabes de lo que estás hablando.

 

—Entonces explicales por qué pintaste encima de la línea.

 

Se hizo un silencio incómodo.

 

Sentí que algo no cuadraba.

 

—Mateo, ¿de dónde sacaste esa foto?

 

Mi hijo señaló la casa de enfrente.

 

—De la cámara de seguridad de don Ernesto.

 

Ahí entendí.

 

Don Ernesto era el dueño

de la papelería donde Mateo ayudaba algunos fines de

 

semana. Vivía frente a nosotros y tenía una cámara exterior porque meses atrás habían intentado abrir su coche.

—Fui a preguntarle si su cámara había grabado cuando Rogelio atropelló mi bicicleta —explicó Mateo—. Me dijo que sí, pero mientras buscábamos el video encontramos esto.

 

Sentí un golpe de esperanza.

 

— Entonces ¿existe un vídeo del accidente?

 

Derechos de accidentes y daños personales

 

Mateo.

 

Rogelio cambió de expresión.

 

—Quiero verlo.

 

—Claro —dije—. Yo también.