Dejé el cuchillo sobre la tabla y lo miré.
—No. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque todo cambió después de aquella noche.
Sonreí.
—No regresé para cambiar vuestra vida. Regresé porque vuestro padre estaba a punto de tomar una decisión sin saber toda la verdad. Quería que vosotros pudierais elegir vuestro propio futuro.
Daniel entró en la cocina y escuchó las últimas palabras.
—Entonces, ¿quién ganó al final?
Me quedé pensando.
¿Ethan, que había recuperado la oportunidad de conocer a sus hijos?
¿Mis hijos, que ahora podían decidir qué relación querían tener con su padre?
¿O yo, que había conseguido demostrar que no necesitaba la aprobación de la familia Lancaster?
Finalmente, respondí:
—Nadie tenía que ganar, Daniel. Esto nunca debió ser una guerra.
Los tres se quedaron en silencio.
Después Michael me abrazó por un lado y Lucas por el otro.