PARTE 2 / Toda mi vida me avergoncé de mi cuerpo y de mi sobrepeso. Pero unkara día, mi abuelo de 73 años me invitó a su piscina y me dijo: «Quítate esa ropa holgada y ponte el bañador. Quiero verte». Me quedé completamente paralizada…


Vivía en una hermosa casa a las afueras de la ciudad, rodeada de un gran jardín y una piscina.

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Después de la muerte de mi abuela, mi abuelo casi nunca invitaba a nadie a visitarlo. Sin embargo, siempre me decía que yo tenía las puertas de su casa abiertas.


Hasta aquel domingo en que su extraña petición me dejó completamente desconcertada.


A las nueve de la mañana, mi abuelo me llamó por teléfono.

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—¿Qué pasa, abuelo?


—Tengo que enseñarte algo importante.


—¿Qué es?


Guardó silencio durante unos segundos.


—Trae tu bañador.


Me reí.

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—Abuelo, sabes perfectamente que no me gusta nadar.


—Lo sé. Pero hoy quiero que

te lo pongas.

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