—¿Por qué pusiste ésas juntas?
Sophie miró ambas imágenes.
—Porque esa es de cuando tú no estabas.
Luego señaló la nueva.
—Y esa es de cuando empezaste a estar.
No respondió nada más.
Tampoco hacía falta.
Durante años pensé que el dinero me daba la capacidad de corregir casi cualquier error.
Sophie me enseñó que algunos errores no se corrigen pagando, explicando ni prometiendo.
Se corrigen presentándose al día siguiente.
Y al siguiente.
Y al siguiente.
La primera fotografía me había demostrado todo lo que perdí.
La segunda no borraba nada.
Sólo mostraba algo distinto.
Esta vez, cuando mi hija mirara hacia el porche, yo sí estaría allí.