¡SUELTEN A MI NANA! La hija del millonario irrumpió en pleno juicio y destapó el asqueroso secreto de su madrastra. kara
Arturo había comenzado a reunir pruebas en secreto.
Por eso quería divorciarse.
Por eso aquella noche se había negado a firmar los documentos.
Y por eso Valeria había decidido eliminarlo.
Pero la carta contenía una última revelación.
“Lupita es inocente. Si algo me sucede, protejan a mi hija y a esa mujer. Ella fue la única persona que cuidó de Sofía como si fuera su propia hija.”
Lupita no pudo contener las lágrimas cuando escuchó aquellas palabras.
—Él lo sabía… —susurró—. Sabía que yo no había hecho nada.
El investigador asintió.
—Y ahora tenemos que demostrarlo ante un tribunal.
Los resultados de laboratorio llegaron dos días después.
Las huellas encontradas en el vaso de tequila no demostraban que Lupita hubiera envenenado a Arturo.
Había tocado el vaso horas antes, cuando le llevó la bebida al despacho.
Pero en el interior del vaso encontraron restos de una sustancia que coincidía con uno de los medicamentos encontrados en la caja fuerte de Valeria.
Además, los registros de seguridad demostraron que un hombre había entrado en la mansión aquella noche.
El mismo hombre que aparecía en el video.
La policía logró identificarlo.
Era Esteban Rojas, antiguo socio de Valeria.
Cuando fue detenido, confesó.
Contó que Valeria le había pagado para entrar a la mansión y ayudarla a fabricar la escena del crimen.
Pero también reveló algo todavía más terrible.
—Arturo no murió aquella noche —dijo Esteban durante el interrogatorio.
Los investigadores se miraron.
—¿Qué quiere decir?
Esteban bajó la cabeza.
—El veneno no fue suficiente para matarlo. Cuando cayó al suelo, todavía estaba vivo.
—¿Entonces cómo murió?
Esteban tardó unos segundos en responder.