—¡No! —gritó Valeria—. ¡No tienen derecho!
Pero Sofía dio un paso al frente.
—Sí tienen.
Todos voltearon hacia ella.
La niña tenía lágrimas en los ojos, pero su voz ya no temblaba.
—Porque mi papá merece que se sepa la verdad.
Valeria la miró con odio.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
—¡Sofía! —gritó Lupita—. ¡Aléjate de ella!
Pero ya era demasiado tarde.
Valeria se inclinó hacia la niña y susurró:
—Si sigues hablando, vas a perder a alguien más.
Sofía se quedó paralizada.
Aquellas palabras confirmaron algo que el juez todavía no sabía.
Valeria no estaba arrepentida.
Todavía tenía un secreto.
Y ese secreto podía ser mucho peor que el asesinato de Arturo.
Horas después, los investigadores registraron la mansión.
Encontraron documentos escondidos, cuentas bancarias secretas y varias cajas de medicamentos.
Pero en el fondo de una caja fuerte apareció algo que nadie esperaba.
Un sobre con el nombre de Arturo escrito a mano.
Y dentro había una carta.
Una carta que podía cambiarlo todo
PARTE 4 — La carta de Arturo”}
El investigador abrió el sobre con cuidado.
La letra era inconfundible.
Era de Arturo Cifuentes.
La carta comenzaba con una frase que dejó a todos sin palabras:
“Si alguien está leyendo esto, significa que Valeria finalmente hizo lo que llevaba meses amenazando con hacer.”
El investigador continuó leyendo.
Arturo explicaba que había descubierto que su esposa llevaba meses desviando dinero de sus empresas hacia cuentas en el extranjero.
Pero eso no era lo peor.
Había descubierto que Valeria también había falsificado documentos para quedarse con una parte de su patrimonio y que estaba intentando obtener la custodia total de Sofía.