Tressa Middleton: Un vistazo a la 'madre más joven de Gran Bretaña' en la actualidad

La verdad era mucho más siniestra.

Desde los siete años, Tressa había sido víctima de abusos sexuales constantes por parte de su hermano mayor, Jason Middleton. El embarazo se produjo después de que Jason, que entonces tenía 16 años, engañara a su hermana pequeña para que, con la excusa de ir a montar en bicicleta, la alejara de su zona de juegos habitual y la llevara a una obra en construcción cercana.

“Solíamos ir allí a jugar con nuestras bicicletas”, reveló Tressa más tarde en una emotiva entrevista televisiva. “Un minuto estaba perfectamente bien, y al siguiente, todo era diferente”.

En las semanas posteriores a la agresión, los cambios en el cuerpo de Tressa no pasaron desapercibidos para sus compañeros. Una amiga cercana fue la primera en mencionar lo impensable, convenciéndola de hacerse una prueba de embarazo que le había comprado su padre. La mañana en que la prueba dio positivo, una aterrorizada Tressa buscó refugio en casa de su madre, desatando una escena caótica donde los familiares entraron en pánico y su madre salió corriendo a la calle envuelta en una toalla, desesperada por comprender la noticia.

A pesar de su extrema juventud, Tressa se negó a considerar la interrupción del embarazo, alegando sus profundas convicciones personales en contra del aborto, incluso desde niña. En 2006, dio a luz a una niña sana, Annie.

La pérdida de Annie y el descenso a la oscuridad
El nacimiento de su hija no tuvo un final feliz. En cambio, expuso a una niña de 12 años al peso abrumador de la maternidad, mientras ella misma seguía necesitando desesperadamente la ayuda de sus padres.

Abrumada por la incesante intrusión de la prensa y luchando contra una grave depresión posparto, Tressa recurrió al alcohol y al tabaco para mitigar su dolor. Dos años después del nacimiento de Annie, los servicios de protección infantil intervinieron y determinaron que Tressa era incapaz de proporcionarle un entorno seguro. Annie fue puesta bajo custodia del sistema de acogida y, finalmente, dada en adopción abierta.

Durante seis meses, a Tressa se le permitieron breves visitas diarias, pero finalmente llegó el día en que se cortó todo contacto. La despedida final tuvo lugar en una guardería local, un recuerdo que atormentaría a Tressa durante décadas.