Vencí al cáncer, pero mi familia no apareció para verme tocar la campana; luego, mi médico salió corriendo tras de mí con una confesión que me dejó pálido.

Podía defenderme por mí misma. Y no necesitaba el permiso de nadie para vivir la vida que yo quería.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *