Me quedé sin palabras.
—¿Cuánto dinero?
—Hasta hoy, aproximadamente treinta y siete millones de euros.
Tuve que sentarme.
De repente recordé algo.
La residencia.
La zona subvencionada donde yo había vivido.
Los talleres gratuitos.
Las nuevas habitaciones que habían construido hacía unos años.
Miré a Álvaro.
—No…
Él asintió.
—La residencia donde conoció a Harrison es uno de los centros financiados por la fundación.
Sentí un escalofrío recorrerme.
—Entonces Harrison…
—Nunca vivió allí porque necesitara una residencia de lujo.
—¿Qué quiere decir?
Álvaro sacó otro documento.
—Era propietario del edificio.
Me quedé mirándolo.
—No lo entiendo.
—Harrison podía haber vivido en cualquiera de sus casas. Eligió aquella residencia
porque quería supervisar personalmente el proyecto que había creado en memoria de Elena.