Todo encajó de golpe.Por eso conocía los nombres de tantos trabajadores.
Por eso preguntaba constantemente por la comida de la zona subvencionada.
Por eso algunas mañanas desaparecía durante horas.
No estaba simplemente viviendo allí.
Estaba observando cómo trataban a las personas que no podían pagar.
—¿Y sus hijos sabían lo de la fundación?
—Sí. Y la odiaban.
—¿Por qué?
Álvaro me miró fijamente.
—Porque durante años intentaron convencer a Harrison de que la cerrara y transfiriera
sus activos al patrimonio familiar.
Entonces comprendí lo que realmente estaba en juego.
No eran unos cuantos millones.
—¿Por qué?
Álvaro me miró fijamente.
—Porque durante años intentaron convencer a Harrison de que la cerrara y transfiriera sus activos al patrimonio familiar.
Entonces comprendí lo que realmente estaba en juego.