Pero le hice prometer algo.
Que jamás utilizaría su dinero para comprarte.
Si alguna vez llegabais a conoceros, quería que túvieras al hombre antes que a la fortuna.”
Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.
Entonces entendí por qué Harrison nunca había presumido de su riqueza conmigo.
Por qué nuestras primeras tardes habían sido tan sencillas.
Por qué jamás intentó impresionarme.
Elena le había hablado de mí.
Pero no le había pedido que se casara conmigo.
No había organizado nuestro amor desde el pasado.
Simplemente había dejado abierta una puerta.
Nosotros habíamos decidido atravesarla.
Continué leyendo.
“Harrison tiene buen corazón, Isabel, pero también tiene miedo.
Tiene miedo de convertirse en un hombre rodeado de personas que solo quieran algo de él.