Si ese proyecto sobrevive hasta tu vejez, quizá algún día tú misma cruces sus puertas sin saber que una pequeña parte nació de esta conversación.
Y si ocurre…
entonces supongo que habremos cerrado el círculo.”
Tuve que dejar la carta sobre la mesa.
No podía respirar con normalidad.
Durante años había creído que mi llegada a aquella residencia había sido consecuenciade mis dificultades económicas.
Ahora descubría que el lugar donde había conocido al amor
de mis últimos años existía, en parte, gracias a una promesa que mi propia hermana había hecho décadas atrás.
Álvaro permaneció en silencio mientras yo lloraba.
Después miré la cinta de vídeo.
—Quiero verla.
El banco disponía de una pequeña sala privada con equipos para reproducir archivos antiguos. Un empleado consiguió un reproductor compatible y nos dejó solos.