Finalmente Álvaro rompió el silencio.
—Ahora entiende por qué Harrison nunca quiso que la fundación desapareciera.
Asentí.
Pero entonces recordé a Daniel.
—Y sus hijos quieren destruir todo esto.
—Quieren controlar los activos.
—¿Pueden hacerlo?
Álvaro dudó.
—Existe una posibilidad.
Aquello me puso en alerta.
—¿Qué posibilidad?
—Si consiguen demostrar que Harrison no tenía plena capacidad mental cuando reorganizó su patrimonio, pueden impugnar las últimas modificaciones.
—Pero