A los 78 años me casé con un hombre rico para proteger sus últimos días

 

Que había aprovechado su fragilidad.

 

Que lo había convencido para casarse conmigo.

 

Y que después lo había presionado paratransferir su fortuna a una fundación que yo terminaría controlando.

 

Sentí rabia.

 

—Eso es mentira.

 

—Tendremos que

 

demostrarlo.

 

—Tenemos las cartas.

 

—Sí.

 

—Tenemos esta grabación.

 

—También.

 

—Tenemos médicos, trabajadores de la residencia…

 

—Todo eso ayudará.

 

Pero la expresión de Álvaro seguía preocupándome.

 

—¿Qué no me está diciendo?

 

Suspiró.

 

—Han presentado un informe médico.

 

Me quedé inmóvil.

 

—¿Qué informe?

 

—Uno firmado seis meses antes de la boda.

Según aquel documento, Harrison sufría un deterioro cognitivo avanzado.

 

Lo miré incrédula.

 

—Eso es imposible.

 

Yo había pasado horas jugando al ajedrez con él. Harrison recordaba fechas, nombres, inversiones, conversaciones enteras.

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