Vi vergüenza.
—No voy a pedirte que me perdones. Ni siquiera sé si papá me habría perdonado. Pero después de verlo morir comprendí que habíamos pasado años peleando por lo que recibiríamos cuando él muriera, mientras ignorábamos completamente alhombre que todavía estaba vivo.
Se levantó.
—Quiero declarar.
—¿Contra Daniel?
—Contra todos nosotros, si es necesario.
Dos semanas después comenzó la vista.
Daniel llegó acompañado por tres abogados.
Roberto