A los 78 años me casé con un hombre rico para proteger sus últimos días

 

Me preguntaron cuánto dinero tenía antes de conocerlo.

 

Cuánto costaba mi habitación.

 

Cuánto había gastado Harrison en mí.

 

Finalmente uno de los abogados preguntó:

 

—Señora Romero, ¿esperaba usted recibir dinero después de

 

la muerte del señor Harrison?

 

—No.

 

—¿Pretende que creamos que se casó con un hombre extraordinariamente rico sin pensar nunca en su fortuna?

 

—Sí.

 

—¿Y por qué deberíamos creerla?

 

Lomiré.

 

—Porque cuando acepté casarme con él ni siquiera sabía cuánto dinero tenía.

 

El abogado sonrió.

 

—Pero sabía que era rico.

 

—Sabía que tenía una habitación mejor que la mía.

 

Algunas personas en la sala sonrieron.

 

El abogado cambió de tema.

 

Entonces presentó el informe del doctor Valdés.

 

Aquello era exactamente lo que Álvaro esperaba.

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