Reconocí inmediatamente la letra de Harrison.
En el sobre decía:
«Para Isabel. Léela antes de juzgarme.»
Lo abrí.
“Querida Isabel:
Hay algo que nunca tuve valor para contarte.
Cuando llegaste a la residencia, reconocí tu apellido. Pregunté por ti y descubrí que
eras la hermana de Elena.
Al principio me acerqué porque quería conocer a la familia de la mujer que una vez me salvó la vida.
Pero después ocurrió algo que no había previsto.
Empecé a esperar nuestras partidas de ajedrez.
Empecé a escuchar tus pasos en el pasillo.
Empecé a guardar historias durante el día solo parapoder contártelas por la tarde.
Y cuando comprendí lo que estaba sucediendo, Elena ya no era la razón por la que quería verte.
Eras tú.
Si alguna vez descubres la verdad, espero que puedas