A los 78 años me casé con un hombre rico para proteger sus últimos días

Puse una mano encima.

 

—No.

 

Su rostro se endureció.

 

—Está dirigida a nosotros.

 

—Y vuestro padre escribió que yo debía decidir si podíais leerla.

 

Daniel soltó una carcajada amarga.

 

—Claro. Incluso muerto sigue

jugando.

 

—No creo que sea un juego.

 

Miré a los tres.

 

—Antes de abrirla quiero haceros una pregunta. Y quiero una respuesta sincera.

 

Nadie habló.

 

—Si Harrison no hubiera dejado ni un solo euro, ¿estaríais aquí?

 

Patricia respondió primero.

 

—Ahora sí.

 

Roberto tardó unos segundos.

 

—No sé qué habría hecho hace dos años. Pero hoy sí.

 

Miré a Daniel.

 

—¿Y tú?

 

—No voy a participar en esto.

 

—Entonces puedes marcharte.

 

Se volvió hacia la puerta.

 

Pero no salió.

 

Permaneció allí varios segundos.

 

Finalmente regresó yse sentó.

 

—Ábrela.

 

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