—Entonces dile que el sobre seguirá cerrado para siempre.
Los tres llegaron.
Patricia fue la primera. Roberto apareció pocos minutos después. Daniel llegó el último, vestido con el mismo traje oscuro que había llevado al tribunal.
No saludó.
Se quedó de pie junto a la puerta.
—¿Qué quieres?
Señalé las tres sillas
frente a mí.
—Sentaros.
Daniel sonrió con desprecio.
—Ya hemos perdido. La fundación tiene el dinero. Tú tienes el control. ¿Qué más quieres de nosotros?—Nada.
Aquella respuesta pareció desconcertarlo.
Saqué el sobre.
Patricia reconoció inmediatamente la letra de su padre.