EL DÍA EN QUE TODO SE DETUVO (PUNTUACIÓN DE LA HISTORIA)
La mañana comenzó como cualquier otra en el pueblo de Marigold Crossing, un barrio tranquilo unido por la rutina: los aspersores del césped regando en arcos sincronizados, el silbido de la furgoneta de reparto del panadero, el suave tintineo de los timbres de las bicicletas mientras los niños se dirigían a la escuela.
A las 7:41 de la mañana, esa rutina se hizo añicos.
Ni explosión. Ni tormenta. Ni terremoto que destroce el asfalto como si fuera papilla.En cambio, fue algo más pequeño —un único grito proveniente del número 42 de Wisteria Lane— lo que dejó al pueblo sin aliento.
Los vecinos corrieron, las puertas se abrieron de golpe, los autobuses escolares frenaron bruscamente. Un niño de 12 años llamado Eli Rowan se había desplomado tras pisar algo en el pasillo de su casa: un trozo del suelo empapado y con chispas de electricidad proveniente de un cable defectuoso oculto debajo. No le costó la vida definitivamente, pero le detuvo el corazón el tiempo suficiente para aterrorizar a todos los que lo querían.
Y con eso, Marigold Crossing cambió.
(Nota: es ficticio. No se producen lesiones reales en la trama final).
Eli sobrevivió gracias a la rápida intervención de los paramédicos. Pero el miedo persistía como el humo. Se extendieron rumores, no maliciosos, sino ansiosos, inquietantes y llenos de temor. Los padres revisaban cada enchufe de sus casas dos veces. Los electricistas tenían la agenda completa durante meses.