Diez años después de que Alba arruinara mi vestido con huevos, llegué a su boda y descubrí que pensaba convertir aquel recuerdo en el entretenimiento de la noche. «No montes un drama, Lucía», volvió a decir mi suegra. No respondí: abrí la caja azul y pedí que encendieran la pantalla. Dentro quedaban 3 documentos que Sergio aún no había visto.

—Lo siento, Lucía.

Ella sostuvo su mirada.

—¿Por qué? ¿Por haber callado, por haberlo sabido, por el dinero o porque hoy todos lo han escuchado?

Sergio no encontró respuesta.

Lucía ya no necesitó ninguna.

Alba corrió hacia ella.

—Dile a Marcos que esto no tiene nada que ver con nosotros.

—Tiene que ver con lo que has decidido hacer de adulta.

—Yo tenía 12 años.

—Sí. A los 12 merecías que los adultos te enseñaran que aquello estaba mal. Ese fue su fracaso. Pero hoy tienes 22 y sigues usando mi peor recuerdo para divertir a una sala entera. Eso ya es tu decisión.

Alba miró a Claudia, la niña de 10 años que había manchado su vestido y ahora permanecía junto a sus padres, avergonzada.

Se acercó a ella.

—No debí gritarte así. Pero tampoco estuvo bien lo que hiciste.

La madre de Claudia contestó:

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