—Lo siento, Lucía.
Ella sostuvo su mirada.
—¿Por qué? ¿Por haber callado, por haberlo sabido, por el dinero o porque hoy todos lo han escuchado?
Sergio no encontró respuesta.
Lucía ya no necesitó ninguna.
Alba corrió hacia ella.
—Dile a Marcos que esto no tiene nada que ver con nosotros.
—Tiene que ver con lo que has decidido hacer de adulta.
—Yo tenía 12 años.
—Sí. A los 12 merecías que los adultos te enseñaran que aquello estaba mal. Ese fue su fracaso. Pero hoy tienes 22 y sigues usando mi peor recuerdo para divertir a una sala entera. Eso ya es tu decisión.
Alba miró a Claudia, la niña de 10 años que había manchado su vestido y ahora permanecía junto a sus padres, avergonzada.
Se acercó a ella.
—No debí gritarte así. Pero tampoco estuvo bien lo que hiciste.
La madre de Claudia contestó: