No volvieron a ser cercanas. Tampoco era necesario.
1 año después, Hugo encontró la caja azul en una estantería del nuevo piso de Lucía. Dentro ya no estaban los documentos. Solo quedaba la memoria antigua.
—¿Todavía guardas esto?
—Pensaba tirarla.
—¿Y por qué no lo haces?
Lucía sonrió.
—Porque durante mucho tiempo creí que guardar una prueba era lo mismo que guardar rencor. Ahora sé que no.
Hugo dejó la memoria sobre la mesa.
Lucía abrió la ventana. Desde el balcón llegaba el ruido de Madrid al final de la tarde. No había música de boda, pantallas ni familiares pidiendo que soportara una humillación para mantener las apariencias.
Solo paz.
10 años antes, una niña de 12 había manchado su vestido y varios adultos le enseñaron que el problema no era lo ocurrido, sino la reacción de quien lo sufría.