Diez años después de que Alba arruinara mi vestido con huevos, llegué a su boda y descubrí que pensaba convertir aquel recuerdo en el entretenimiento de la noche. «No montes un drama, Lucía», volvió a decir mi suegra. No respondí: abrí la caja azul y pedí que encendieran la pantalla. Dentro quedaban 3 documentos que Sergio aún no había visto.

Alba también tuvo que asumir consecuencias. Marcos no retomó la boda y decidió apartarse mientras se aclaraban las deudas. Alba negoció con la finca y los proveedores, vendió varios regalos y empezó a trabajar para pagar lo pendiente. Carmen dejó de organizar rescates cuando descubrió que nadie quería financiarlos.

4 meses después, Lucía recibió una carta de Alba.

No pedía dinero ni ayuda con Marcos.

Admitía que durante años había contado lo de los huevos como una hazaña porque los adultos se habían reído. También reconocía que, cuando Claudia manchó su vestido, sintió en segundos una vergüenza que nunca quiso ver en Lucía.

«Tener 12 años explica lo que hice. No justifica que a los 22 siguiera celebrándolo».

Lucía tardó una semana en responder.

«Gracias por asumirlo. Ojalá hagas algo bueno con lo que has aprendido».

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